Es bueno saber adónde estamos parados

Tirria nos mete de lleno en la decadencia elegante de los Sobrado Alvear, una familia patricia venida a menos que, en lugar de aceptar la ruina con dignidad, elige algo mucho más interesante: fingir que sigue perteneciendo. En un intento desesperado por sostener su imagen frente a otras familias adineradas y poderosas de su sociedad, organizan cada verano una farsa minuciosa cuyo éxito depende casi exclusivamente de la lealtad y eficiencia de su criado incondicional, Hilario, que según ellos es casi de la familia.

Mientras sus allegados creen que están recorriendo Europa, la familia se encierra durante tres meses en una habitación oscura de su mansión, rodeada de baúles, humedad y hambre. No hay viajes, no hay playas, no hay bronceado: hay encierro, paranoia y un empleado que se convierte en agencia de viajes, narrador oficial y escudo humano. Hilario se encarga de relatarles día a día los itinerarios imaginarios, de hacer llegar postales apócrifas y, sobre todo, de atender el teléfono, ese enemigo constante que amenaza con pinchar la burbuja.



Las llamadas se vuelven cada vez más frecuentes, más incómodas, más sospechosas. La familia las vive como trampas, como emboscadas, y ahí la obra encuentra uno de sus grandes motores cómicos: cada timbrazo es una pequeña catástrofe, cada saludo forzado desata una coreografía del pánico. El elenco explota con precisión el absurdo de la situación, sosteniendo un nivel de comicidad altísimo.



Rafael Spregelburd compone a Florindo, el padre, como una criatura grotesca y frágil: habla con tonada impostada, se hace el fino con una tonada exageradísima  aunque grita sin pudor y adjetiva como si estuviera pagando por palabra. Cada frase es un barroquismo innecesario, cada intervención un pequeño incendio verbal. En un momento, el personaje de Andrea Politti le señala que “adjetivar tanto es de pobre” dejando su esfuerzo en evidencia. Andrea Politti, por su parte, construye un personaje torpe, ignorante, desubicado, pero convencido de su propia lucidez. Hay algo fascinante en esa mezcla de ignorancia y seguridad: habla como si supiera, opina como si entendiera, se mueve como si tuviera control… y no tiene nada. Florindo la expone constantemente, la corrige, la humilla con elegancia impostada, y en ese ida y vuelta se arma una dinámica cruel que no para de escalar. Diego Capusotto, como Hilario, juega en otra liga. Sostiene una solemnidad casi heroica, una dignidad de empleado modelo, pero de repente mete quiebres físicos y expresivos absolutamente exagerados, brevísimos, como glitches en la matriz. Son estallidos mínimos, deformaciones fugaces, micro performances que duran segundos y que justamente por eso descolocan y hacen estallar la risa. No interrumpen la escena: la perforan. Y ahí está la genialidad.


La escenografía logra con eficacia un clima sofocante y opresivo, pero son los actores quienes vuelven habitable aunque insoportable ese encierro. El trabajo físico, las miradas desesperadas y los estallidos nerviosos están afinadísimos. Hay una química grupal muy potente que convierte cada escena en un pequeño campo minado reacciones que desatan otra cosa. No hay personaje de relleno, todos suman a esa maquinaria patética que es la familia.


“Es bueno saber adónde estamos parados”, dice la madre, y la frase cae como un chiste interno entre la obra y el público. Porque si algo deja en evidencia Tirria es que nadie ahí tiene la menor idea de dónde está parado, ni geográfica ni moralmente. La familia se aferra a una ficción ridícula con una convicción casi heroica, y en ese gesto patético se vuelve peligrosamente reconocible. La obra se ríe de la caída, de la pose, del apellido como salvavidas, y lo hace sin piedad pero con inteligencia. Y en gran parte, lo logra gracias a un elenco afiladísimo que entiende que el humor no está en el chiste, sino en la desesperación, en el riesgo constante de perderlo todo. Porque al final, entre tanto viaje imaginario, lo único verdadero es el miedo a aceptar la propia ruina.




Viernes 22hs y sábados 22:30- Teatro Metropolitan (Av Corrientes 1343)


https://www.plateanet.com/obra/32267?obra=TIRRIA&paso=inicio




Protagonizada por Diego Capusotto, Andrea Politti y Rafael Spregelburd junto a un gran elenco (Juano Arana, Eva Capusotto, Galo Politti y Daniel Berbedés), dirigida por Carlos Branca, escrita por Lucas Nine y Nancy Giampaolo y producida por Damián Sequeira.


Prensa: Tommy Pashkus Agencia


Nota: Joy Cantieri

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