Es bueno saber adónde estamos parados
Tirria nos mete de lleno en la decadencia elegante de los Sobrado Alvear, una familia patricia venida a menos que, en lugar de aceptar la ruina con dignidad, elige algo mucho más interesante: fingir que sigue perteneciendo. En un intento desesperado por sostener su imagen frente a otras familias adineradas y poderosas de su sociedad, organizan cada verano una farsa minuciosa cuyo éxito depende casi exclusivamente de la lealtad y eficiencia de su criado incondicional, Hilario, que según ellos es casi de la familia. Mientras sus allegados creen que están recorriendo Europa, la familia se encierra durante tres meses en una habitación oscura de su mansión, rodeada de baúles, humedad y hambre. No hay viajes, no hay playas, no hay bronceado: hay encierro, paranoia y un empleado que se convierte en agencia de viajes, narrador oficial y escudo humano. Hilario se encarga de relatarles día a día los itinerarios imaginarios, de hacer llegar postales apócrifas y, sobre todo, de atender el teléfon...