En carne viva

El tiempo todo entero está inspirada en El zoo de cristal de Tennessee Williams. La obra nos presenta a una madre y sus dos hijos, que conviven en una dinámica muy íntima que por momentos se torna asfixiante, atravesada por distintas formas de entender la vida, la pasión y el paso del tiempo.


Antonia y Lorenzo comparten una complicidad que por momentos podría confundirse con la de una pareja. Bailan juntos, conversan sobre la muerte, el romance y hasta discuten cuál sería la mejor manera de asesinar a alguien. A partir de una canción, Antonia desarrolla toda una teoría sobre los crímenes pasionales: sostiene que en Argentina los asesinos son fríos, que prefieren disparar antes que acuchillar porque el disparo implica distancia, mientras que el cuchillo obliga a un contacto directo con la otra persona, con su sangre. Para ella, que alguien haya matado a otra persona no necesariamente significa que no la ame. Como ejemplo de la frialdad aparece Barreda, ese tipo silencioso que un día tomó una escopeta y disparó contra las mujeres de su familia. Lorenzo no parece estar del todo convencido, pero se deja llevar por las conclusiones persuasivas de su hermana.

Junto a ellos vive Úrsula, una madre con una energía que parece desbordar constantemente el espacio. Sale, viaja, tiene amigos, conoce gente. Es optimista, apasionada y divertida. Le gusta tomarse el tiempo de decir enteros los nombres de sus hijos porque, según explica, no son “achicables”: no le gustan los apodos. La paradoja es que Antonia la llama “Ushi”, algo que a ella no le gusta para nada. Entre ambas hay una relación llena de choques y desencuentros. Úrsula le reprocha a Antonia estar “constantemente en carne viva”, mientras intenta empujarla hacia un mundo del que ella parece no tener ningún interés en formar parte.

En comparación, Antonia parece habitar otro mundo. No trabaja, casi no sale de su casa y no demuestra demasiado interés por aquello que ocurre puertas afuera. Es irritable y enroscada y es perturbador lo cómoda que está en su encierro, le parece la forma más lógica de vivir y de ser feliz. Incluso cuestiona la idea misma de salir y viajar. Para ella, ir a un lugar no significa necesariamente conocerlo: es simplemente verlo. “Conocer es apropiarse”, dice, y no parece necesitar estar físicamente en un lugar para sentir que lo conoce. “No entiendo esa pulsión que tiene la gente de salir”, afirma. Úrsula incluso intenta conseguirle novio, pero Antonia se encarga rápidamente de hacerle saber que puede ahorrarse el esfuerzo.

Lorenzo funciona como una balanza entre las dos: trabaja, tiene amigos y curiosidad por el mundo, pero dentro de su casa adopta una actitud dócil y complaciente, acomodándose a las necesidades de su madre y de su hermana. Hay algo particularmente interesante en ese contraste entre la vida que intuimos que puede tener puertas afuera y la versión doméstica que vemos sobre el escenario.

La llegada de Maximiliano, un compañero de trabajo de Lorenzo, viene a alterar ese equilibrio precario. Con una energía casi de cachorro de golden retriever, irrumpe en la rutina familiar y obliga a todos a moverse apenas unos centímetros fuera de los lugares que tienen asignados. Y a veces eso alcanza para que todo se caiga de a pedazos. Tanto él como su madre sienten que es una pena que Antonia no sea conocida por más gente, como si hubiera algo en ella que mereciera ser visto más allá de esas cuatro paredes. Su hermano, en cambio, acepta su estilo de vida sin el menor cuestionamiento, entiende que es así y la deja ser.

 Más allá de su inspiración en El zoo de cristal, El tiempo todo entero construye una voz bien propia y contemporánea. La obra parece interesarse especialmente por el uso del tiempo: qué hacemos con nuestros días, cuánto de nuestras rutinas responde a un deseo genuino y cuánto a la comodidad, al miedo o a la costumbre. Antonia, Lorenzo y Úrsula habitan tiempos distintos aun viviendo bajo el mismo techo, y en ese desencuentro aparecen buena parte de los conflictos de la historia. ¿Qué es el tiempo libre? ¿Hay tal cosa como tiempo libre si no lo estamos liberando de otra cosa? ¿Qué hacemos cuando nadie nos exige nada? ¿Qué lugar ocupan las expectativas de los demás en el modo en que elegimos vivir?

También aparece una cuestión alrededor de la pasión. Úrsula parece vivirla hacia afuera: quiere viajar, conocer, vincularse, experimentar. Antonia, en cambio, tiene una intensidad que se expande hacia adentro, en sus ideas, sus obsesiones y su manera particular de mirar el mundo. Tal vez por eso el conflicto entre ellas no sea simplemente el de una madre que quiere que su hija salga de su casa, sino el de dos formas completamente distintas de entender qué significa vivir.

Sin ofrecer soluciones, la obra deja esas preguntas resonando mientras observa con ternura, humor y crudeza los vínculos familiares que nos sostienen, y a veces también nos inmovilizan (como los abdominales de Lamothe, no iba a terminar la nota sin mencionarlo).

 


https://www.plateanet.com/obra/35063?obra=EL-TIEMPO-TODO-ENTERO&paso=inicio

Paseo La Plaza- Av Corrientes 1660

Ver fechas de funciones en la página de plateanet



Actúan: Esteban Bigliardi, Pilar Gamboa, Esteban Lamothe y Susana Pampin

DISEÑO DE ILUMINACIÓN: Matías Sendón

PRENSA: Cecilia Gamboa

FOTOGRAFÍA: Sebastián Arpesella

ASISTENCIA DE DIRECCIÓN: Lucia Villanueva

DRAMATURGIA: Romina Paula

DIRECCIÓN: Romina Paula

COMUNICACION: Cecilia Gamboa

REDES SOCIALES: Lisandro Outeda

PRODUCCIÓN: María La Greca

DISEÑO DE ESPACIO: Alicia Leloutre - Matías Sendón

Nota: Joy Zubiría


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