Vamos a estar mejor

Siete estaciones para hablar de amor nos lleva a principios del siglo XX a la casa de una familia bien acomodada en la ciudad de Buenos Aires. Cada tanto reciben la visita de un amigo que viene del campo, que va a revolucionar sus vidas rutinarias y los va a llevar a replantearse sus formas de pensar y de sentir.


Pablo llega a la casa de Anna y Gregorio luego de defender en un juicio a un grupo de menores acusados de haber cometido un delito. Sostiene que las autoridades ya habían resuelto desde un principio que eran culpables por ser simples peones, y Gregorio lo confronta porque cree que eso es algo que debe resolver la justicia, a lo que Anna se suma a cuestionar qué clase de justicia tiene en sus manos la libertad de cuatro lecheritos de 14 años frente al poder de dueños poderosos de estancias. Gregorio termina por sentirse acorralado, como si se estuvieran complotando en su contra, y su forma de escaparse de esa situación es empezar a los gritos y obligar a Anna a que lo bese y lo abrace, como recordándose a sí mismo (y a ellos dos) que él es el dueño de todo lo que hay en ese espacio.

A medida que transcurren las visitas, la dinámica se intensifica: Anna y Pablo cada vez son más cercanos, y a medida que se profundiza su intimidad la reacción de Gregorio se vuelve más hostil y explosiva. Sus ideas políticas también chocan constantemente: Gregorio se mantiene conservador, con un discurso más bien punitivista falsamente sostenido en la idea de la meritocracia, mientras Anna y Pablo apuestan a un futuro más igualitario, donde la posibilidad de progresar no distinga clases sociales. Anna incluso va un poco más allá y le dice a Pablo que lo del futuro equitativo sea real, “no sea cosa que nosotras les estemos sirviendo alrededor”.  Queda al desnudo el hecho de que no hay dos argentinos que sueñen lo mismo al pensar que vamos a estar mejor. Gregorio sueña con su propio progreso y asegura que “el trabajo se agradece”, mientras Pablo sostiene un trabajo que lo tiene lleno de deudas pero le permite ayudar a personas vulnerables que no tienen quién los represente ante este sistema judicial que lejos está de resolverles nada.

La puesta en escena logra su objetivo de situarnos en ese tiempo y espacio, el vestuario acompaña y el ritmo tanto de la historia como de las actuaciones marca el paso de los meses y de las estaciones, demostrando el desgaste tanto como la intensidad de los vínculos con una espontaneidad preciosa. Se construye una ingenuidad muy genuina en esta dupla que se empieza a querer cada vez más, y el villano atroz y terriblemente humano de Carlos Belloso le da un toque incómodo y potente, incluso de suspenso, que intensifica todo lo que pasa a su alrededor.

Siete estaciones para hablar de amor es una propuesta que puede parecer muy clásica, pero aborda temas que la vuelven mágicamente atemporal, con un elenco que la eleva todavía más.

 

https://www.alternativateatral.com/obra101801-siete-estaciones-para-hablar-de-amor

Teatro del Pueblo- Lavalle 3636

Lunes 20hs

Dramaturgia: Victoria Hladilo

Actúan: Carlos BellosoLaura NevoleManuel Vignau

Ambientación Sonora: Nicolás BenaghiIgnacio Viano

Diseño de maquillaje: Inés Parriñello

Diseño de vestuario: Gabriella Gerdelics

Diseño de escenografía: Celeste Etcheverry

Realización de escenografia: Taller Núñez

Música original: Tony Abadi

Diseño De Iluminación: Ricardo Sica

Diseño gráfico: Melina Florio

Asistencia de escenografía: Casiana Ronconi Palma

Asistencia de dirección: Sebastián Frígoli

Producción: Victoria ChamorroVictoria Hladilo

Colaboración artística: Victoria Marroquin

Dirección: Victoria Hladilo

Nota: Joy Zubiría

Foto de la página del teatro

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